Un duro golpe

Hoy he recibido un palo en toda regla, uno duro. Se ha ido Paul Naschy, la peor noticia que este espacio podía dar. Paul Naschy no es sólo un personaje que me resulta simpático o que admire, es alguien cercano que me felicitó por dedicar mi tiempo a hablar de su cine sin pretender nada y de forma altruista. Una figura que quise reivindicar creando este espacio.

El cine es, para mí, una válvula de escape, una forma de evadirme de las muchas adversidades que me ha dado la vida y las películas de Paul Naschy han sido claves en ello. En momentos en que todo me superaba -y me supera- su cine me ha llevado a un divertido mundo de licántropos, vampiros, monstruos… Puede que no estos filmes no sean perfectos -muy lejos están de serlo-, pero me lo he pasado, y sigo pasando, muy bien con ellos.

Y no sólo aprecio sus películas, Molina-Naschy es un figura excepcional, de hecho, en ese sentido, pocas personalidades encuentro en el cine tan interesantes como la suya. Sus memorias me descubrieron a un luchador nato, a alguien que se empeñó en hacer una cosa y lo consiguió. Una cosa impensable en un país donde hacer algo distinto a lo habitual parece condenado al rechazo. A Paul Naschy, junto a otros, le debemos la tradición de cine fantástico y de terror en España desde hace más de 40 años, porque gracias a él se han podido rodar más películas de este género.

Hoy, además, se cumplen dos años desde que lo vi por primera vez. Todavía ni siquiera había creado este blog -lo llevaba pensando tiempo y una semana después, me decidí a hacerlo-, fue en el Expocómic 2007. Supe que Paul iba y me hacía ilusión verlo. Junto a Elena, me quedé esperando en la entrada de la sala donde se iba a presentar el cómic de Javier Trujillo Waldemar Daninsky: El retorno del hombre lobo para poder hacernos una foto con Naschy. De repente, entre una marabunta de gente penosamente disfrazada de personajes de cómic, apareció Paul. Al notar que tanto Elena como yo le estábamos esperando, Paul nos dirigió una sonrisa. Ese gesto lo tendré siempre grabado en la cabeza, una muestra del cariño que sentía por sus fans -no de todos puede decirse lo mismo-. La segunda vez que lo vi, ya pude hablar detenidamente con él. Fue en un día muy especial: era mi cumpleaños y conocí a mucha gente especial como a su hijo mayor Bruno, a Javier Trujillo y a Carlos Rodríguez. He de agradecer siempre el apoyo que hemos recibido tanto por parte de Javier Trujillo como de la familia de Paul, Sergio y Bruno siempre se han portado estupendamente con nosotros y nos han ayudado como han podido.

Por otro lado, muchos me han comentado que si UFDPN va a seguir, por supuesto que seguiremos. Puede que incluso sea el momento de ofrecer una nueva revisión de su obra.

Todavía me cuesta escribir algo más pues no me hago a la idea de lo ocurrido, así que de momento no añadiré más. Tan sólo quiero mandar un abrazo esté donde esté a nuestro querido Paul, porque aunque ya no esté aquí, su obra sigue con nosotros y eso le hace inmortal.

¡Hasta siempre, Paul!

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